Significado y diversidad cultural – Eugine Nida

Introducción al Libro Significado y Diversidad Cultural de Eugene A. Nida y William D. Reyburn ublicado por Sociedades Bíblicas Unidas.

Toda comunicación entre culturas diferentes trae consigo problemas de significado. En cualquier idioma las palabras tienen sentido sólo en relación con las ideas, valores y circunstancias de vidas humanas concretas.

En español, por ejemplo, podemos decir «Dios perdona», aunque no entendamos lo que las partículas per y donar tengan que ver con el acto de perdonar. Sin embargo, en una de las lenguas del centro de Nueva Guinea se puede hablar del perdón de Dios con sólo decir «Dios no cuelga mandíbulas». Del mismo modo, en nuestra lengua «amamos con el corazón», pero en muchas lenguas del África Occidental se ama «con el hígado». Por alguna razón nosotros nos referimos a la laringe como «la nuez de Adán», mientras los uduks del Sudán la denominan «aquello a lo cual le encanta la cerveza».

En una lengua de Nueva Guinea, cuyos hablantes no conocen las ovejas pero sí valoran mucho sus bien cuidados cerdos, un traductor de la Biblia propuso sustituir «pastor» por «porquerizo». Salta a la vista que tal ajuste crearía serios problemas, pues en el contexto bíblico los cerdos se consideran como animales inmundos.

Este tipo de adaptación cultural puede descartarse por simplista. Pero, ¿cómo responder al planteamiento de cierto profesor de teología que sostiene que una traducción de equivalencia dinámica de la frase del Antiguo Testamento: «Así ha dicho Jehová» debería ser: «Se me acaba de ocurrir una idea importante»? En ambos casos, la mayoría de los lectores rechazarían enfáticamente estas sugerencias de adaptación. Pero, ¿por qué se las rechazarían?

Cuando los idiomas en juego pertenecen a una misma familia lingüística y forman parte de culturas estrechamente relacionadas, como el inglés y el alemán, los problemas no son demasiado graves. No obstante, debe reconocerse que en inglés no existe un equivalente satisfactorio para el término Gesundheit, dicho proferido cuando alguien estornuda, o para gute Speise, fórmula con la que se inician las comidas.

Las dificultades de comprensión aumentan en proporción casi geométrica cuando los idiomas pertenecen a familias diferentes y suponen diferencias culturales profundas, como en el caso del inglés y el zulú. Cuando, además, las dos culturas se sitúan en épocas muy distantes, como ocurre en el caso del español moderno y el hebreo antiguo, las complicaciones llegan a ser enormes.

La comunicación de significados entre culturas requiere siempre ciertos ajustes en la forma del mensaje, si se pretende que el contenido se transmita con exactitud y fidelidad. Traducir estrictamente palabra por palabra inevitablemente conduce a deformar el significado del mensaje de la lengua fuente. Pero, ¿hasta dónde pueden llegar tales adaptaciones?

La tendencia tradicional a conservar muchas de las figuras retóricas y los símbolos culturales de la vida y los tiempos bíblicos también es fuente de graves errores de interpretación. Esto sucede sobre todo si las Biblias que contienen tales expresiones carecen de notas marginales o adaptaciones que ayuden al lector a interpretar las expresiones aparentemente anómalas.

Las dificultades ocasionadas por las diferencias culturales constituyen el problema más grave para los traductores y han llevado a garrafales errores de interpretación entre los lectores. Por ejemplo, una traducción literal de Romanos 14.7: «Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí» muchos africanos la han interpretado como una confirmación directa de la eficacia de la magia negra. Entre ellos la muerte casi nunca se considera «natural», sino más bien como el resultado de la influencia malévola de la brujería.

En muchos casos, los errores de comprensión de un texto bíblico son menos graves por cuanto no está en juego ningún asunto teológico importante. Por ejemplo, los africanos occidentales podrían leer en una traducción de la Biblia a su lengua materna que un recaudador de impuestos «se golpea el pecho» como señal de arrepentimiento. Esto podría parecerles bastante extraño en vista de que en su propia lengua la expresión «golpearse el pecho» significa «enorgullecerse de los logros». Para indicar arrepentimiento ellos dicen «golpearse la cabeza».

Este tipo de error de comprensión no es particularmente grave, pero existen muchos otros casos en que un tratamiento insatisfactorio de algunos de los problemas culturales básicos ha llevado a confusiones significativas. Durante largos años en cierto idioma se usó un determinado término como equivalente de «reconciliación». Posteriormente, los misioneros descubrieron que la práctica cultural a la que se aludía difería de la reconciliación bíblica justamente en un aspecto crucial. En esa cultura, el uso de dicho término inmediatamente sugería que la persona que tomaba la iniciativa del acto reconciliatorio admitía con eso haber tenido la culpa de la ruptura inicial de las relaciones. Tal expresión entonces resultaba completamente engañosa a la hora de hablar de lo que Dios ha hecho para reconciliar a los seres humanos con Él.

En el caso de «golpearse el pecho», se podría usar una expresión paralela como «golpearse la cabeza». Al enfrentar el problema que plantea la traducción de «reconciliación», se debe encontrar otro vocablo que no implique la culpabilidad de quien tome la iniciativa, o recurrir a una frase que describa sin ambigüedad los elementos esenciales de la reconciliación. Sin embargo, la mayoría de los problemas atribuibles a diferencias culturales son mucho más complejos y se deben a que diferentes culturas asignan valores distintos a unos mismos objetos.

En el Oriente, por ejemplo, el dragón no se ve como un animal amenazante, símbolo de un siniestro poder diabólico, como lo es en el libro de Apocalipsis. Por el contrario, el dragón es símbolo de fortuna y buena suerte. ¿Habría que cambiar el símbolo del dragón para ajustarse a los conceptos orientales? O ¿cómo debería traducirse en Corea «vestiduras blancas» (de los santos), si para los coreanos el blanco es símbolo de duelo y no de pureza? Más aun, la idea de blanquear las vestiduras «lavándolas en la sangre del Cordero» resulta casi incomprensible en muchas otras lenguas. Como trató de explicar una persona de las Filipinas: «La sangre del Cordero no debe haber sido roja».

Con frecuencia los problemas de interpretación surgen de detalles que, a simple vista, carecen de importancia. Por ejemplo, una traducción literal de Juan 6.58: «… vuestros padres comieron el maná, y murieron», podría dar la idea de que el maná estaba envenenado. Asimismo, en Juan 2.4 el término «mujer» que Jesús empleó para dirigirse a María, en algunas lenguas sólo se entendería como «esposa».

Apocalipsis 3:20 contiene una frase que en algunas lenguas se ha traducido por «tocar a la puerta». Pero hay pueblos del sudeste de Asia entre los que traducir dicha frase de esa manera podría dar pie a una interpretación errónea, porque tocando a la puerta es como el amante le comunica a su chica su deseo de que se encuentre con él en alguna parte. Sin embargo, para los bazanaki, pueblo del África Oriental, esta misma frase implicaría que Jesús es un ladrón, puesto que solamente los ladrones tocan a las puertas, para saber si hay alguien en la casa. Las personas honradas llaman a los de la casa por sus nombres y al hacerlo ellos mismos se identifican.

La mayoría de las personas considerarían estos problemas de traducción como dificultades menores que pueden superarse con sensatos ajustes de detalle. Así, en lugar de «mujer» en Juan 2.4 se diría «madre» como se ha hecho en algunas traducciones recientes, y en Apocalipsis 3.20 se emplearía «llamar» en vez de «tocar», tal como se ha hecho en virtualmente todas las traducciones españolas.

Pero, ¿cómo enfrentar la tesis de algunos estudiosos de la Biblia que afirman que las personas señaladas en el texto bíblico como «endemoniados» solamente eran «perturbados mentales»? Algunos eruditos insisten en que el uso que los endemoniados hacen del término «Legión» (Marcos 5.9) indica que estos sufrían realmente de una severa «crisis de identidad» y que, por tanto, esto debiera incluirse en el texto. Por su parte, un teólogo alemán propuso recientemente que el término Gott (Dios) se sustituyera en la Biblia por Wirklichkeit (realidad). De tal manera, en Romanos 1.7 leeríamos: «Que la Realidad nuestro Padre y el Señor Jesucristo derramen su gracia y su paz sobre ustedes». Este tipo proposición resulta inaceptable. Pero, ¿cuáles son los criterios que permiten demostrar su inaceptabilidad? ¿Qué hace que ciertos ajustes parezcan razonables y otros no? Si algunos cambios resultan aceptables, ¿por qué no todos los demás? ¿No será necesario fijar algún límite a los cambios que se pueden hacer?

Si alguien traduce los textos teosóficos hindúes o los discursos de meditación budistas, la necesidad de reflexionar cuidadosamente sobre las diferencias culturales no es muy grande, pues esos textos no le dan mucha importancia a la historia. Pero los textos bíblicos sí toman la historia muy en serio. El ingreso de Dios en la historia, ya sea en la historia de su pueblo o por medio de la encarnación de su Hijo, constituye el elemento crucial del relato bíblico. Y precisamente por esta razón el traductor debe interesarse, seria y profundamente, en el problema de los cambios, de manera que el contenido sea fiel al marco histórico original.

Algunos cambios son claramente necesarios. Por ejemplo, en la transliteración de los nombres propios es necesario adaptarse a los sonidos de la lengua receptora. No se puede esperar que los lectores hispanohablantes pronuncien los variados sonidos guturales del hebreo. Es obvio también que se deberán hacer ciertos ajustes en la forma de las palabras y en las categorías gramaticales. En el verbo hebreo, el aspecto verbal prevalece sobre el tiempo; es decir, es muy importante distinguir la acción concebida como completa de la concebida como incompleta, mientras que en muchas lenguas suele dársele más importancia al tiempo verbal. Es evidente que estas diferencias exigen algunos ajustes. Asimismo, las largas oraciones características del griego del Nuevo Testamento deben dividirse en unidades de sentido menores, si el significado original ha de comunicarse eficazmente en lenguas tales como el español. Igualmente, expresiones como «entrañas de misericordia», «circuncisión del corazón» y «ceñir los lomos del entendimiento» necesitan adaptarse si se quiere producir algo más que secuencias confusas de palabras.

En algunas situaciones, quizá sea necesario invertir el contenido de versículos particulares. Pero, si se puede hacer eso, ¿por qué no cambiar también el orden de los párrafos? Por ejemplo, ¿por qué seguir el orden de la narración de «El hijo pródigo», si la narración sería más eficaz si comenzara estando el joven en la pocilga y luego se relataran los antecedentes mediante retrospecciones? ¿Por qué algunos traductores, cuando la nieve no es muy conocida en determinada cultura, no vacilan en cambiar «blanco como la nieve» por «muy, muy blanco», y, sin embargo, no aceptan sustituir «la incircuncisión» y «la circuncisión» por «gentiles» y «judíos» respectivamente, como en Romanos 3.30, aunque el versículo 29 indica claramente que eso es lo que significa.

En culturas donde no se conoce la práctica del ungimiento, ciertas referencias a este rito bíblico se traducen mediante términos que significan «comisionar» o «designar para una tarea». Sin embargo, en sociedades que no practican el sacrificio, los traductores se empeñan en hallar formas para describir tales usos, a pesar de su extraño significado. ¿Por qué debería distinguirse entre uno y otro caso?

Numerosos traductores no dudan en sustituir «hienas» por «lobos» en la expresión «lobos vestidos de ovejas», pero consideran inapropiado que «oveja» se cambie por «cabra», aun cuando en la cultura local las cabras sean altamente valoradas y las ovejas se consideren como despreciables comedoras de basura.

Para solucionar adecuadamente los problemas que enfrentan los traductores, tanto en el trabajo práctico de obtener soluciones aceptables para las diferencias de contenidos y valores culturales como en el de fundamentarlas sólidamente, se debe disponer de algo más que una serie de reglas empíricas que parezcan aceptables y útiles. Solo el análisis exhaustivo de los factores principales involucrados en la comunicación de mensajes puede proveer el fundamento necesario de principios y procedimientos de ajuste adecuados. Tal análisis inevitablemente requiere un examen de la teoría de la comunicación, tal como ésta se aplica en el campo específico de la traducción. Cualquier economía de esfuerzos que se haga en ese sentido tendería a plantear más preguntas de las que podría contestar.

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